domingo, 10 de marzo de 2013

Manhattan (1979) - Woody Allen



Los cuadros, por supuesto.

La presentación de dos con exposición promiscua y tendida. La significancia de momentos compartidos con nuevos extraños. La facilidad del olvido por cualquier motivo. El por qué de la indagación y el porqué de la mentira. La superposición de la sensatez. La argumentación a conveniencia derrumbada por una perfectamente tranquila y pausada ternura. La sonrisa de lo alcanzado.


domingo, 27 de enero de 2013

Todo en moderación, inclusive moderación

apareció en la galleta de la fortuna de Ugonna. Estábamos dos titulares y un estudiante saliendo de un bufet chino. Ellos dos habían venido a la zona a ayudarme con la documentación del proyecto y fue en esas en la que me quedé atrapado en un sin parar de comida callejera por el asunto de lo tácito, lo cortéz y lo corporativo. A decir verdad eran salidas agradables en conversación y empatía.
Ellos serían sólo los primeros de una cadena constante de cuatro rotantes extendida hasta la finalización del proyecto, donde cada semana uno nuevo vendría a brindar su apoyo. Apoyo necesario cabe destacar, pues revisar diariamente más de doscientas formas de inspectores ligeramente renuentes no es tarea fácil.
Ya he conocido dos y estoy por conocer al tercero. En general no me puedo quejar... Aunque si tan sólo estas rotaciones me permitieran usar la cocina y el congelador, creo que mi sistema me lo agradecería en demasía.
Ahora que lo pienso, la comida y cómo balancear el tiempo que ella requiere del resto de mis actividades ha sido un inconveniente desde los primeros grados de primaria. En la universidad muchas veces decidí continuar a comer. ¡Hasta en mi casa! Y últimamente he escuchado que la situación no mejorará en lo absoluto para el próximo proyecto. Términos como "comida de bomba de gasolina" han dibujado esbozos de lo que será mi alimentación a finales de 2013.
Balancear mi alimentación no ha sido sencillo estos últimos meses, así como tampoco lo ha sido balancear mis tiempos. Semanas laborales de lunes a sábado me han forzado a apreciar genuinamente lo que es un fin de semana de dos días. Días laborales de horas extendidas han revelado lo mucho que se puede hacer en una tarde libre. Sin embargo, no me he quedado sin ropa limpia aunque sí algunas veces con una nevera llena de cosas inútiles. Y los domingos.... Bueno, ellos son el reflejo atropellado de como mi mente funciona y se equilibra.
Venía en la camioneta hacia este tercer encuentro dominguero, que ya tres veces ha iniciado con la misma sensación, escuchando la lista de reproducción que mi hermano diseñó en las últimas horas que dormí en Venezuela. A pesar de haber retrasado esta cita una hora salí del hotel con las mismas de las veces pasadas. Las canciones que me acompañaban en el recorrido ya las había escuchado camino al pueblo tres semanas atrás. Ya habían despertado en mi un desesperar ante la emoción de saber que Eduardo es mi hermano y que me dedicó un desvelo en tan buen arreglo musical.
Entre intensos sentimientos de hermandad y con la cara totalmente relajada e inerte me puse a pensar en lo seccionada que está mi vida en este momento. Conozco a mi familia y la tengo cerca y querida en recuerdos que se volvieron realidad absoluta en un viaje decembrino a través del tiempo a lo que aún considero mi hogar. Ansío seguir viviendo el cambio y recibiendo noticias de futuros desconocidos y prometedores. Respiro tranquilo la voluntad que me mantiene viviendo en un sitio totalmente distinto al que experimenté durante 24 años de mi vida. Me intriga conocer más personas que protagonicen conversaciones futuras. Anhelo poder ver lo que mis hermanos están viviendo y vivirlo con ellos. Quiero vivir en tres lugares distintos donde el tercero es prácticamente cualquiera menos los otros dos.
A setenta millas por hora estaba programada la velocidad de la camioneta cuando mi mente divagaba. Pensé en una frase que leí ayer acerca del morir lentamente. El señor Neruda me había aconsejado, entre otras cosas, que al hablar compartiera mi pasión y preguntase por la de mi contraparte. Mi pasión... Ya son varios años los míos entendiendo la importancia del balance y varios más en la afinación interminable por su alcance. "Creo que me he quedado sin pasión" pensé. Pensé en cuando dibujé, en cuando bailé, en cuando escuché, en cuando escribí, en cuando toqué, en cuando aconsejé, en cuando estudié, en cuando hablé, en lo que estoy haciendo con mi vida. Hace dos semanas la chica que hoy vería me había deleitado con su fascinación por El Holocausto. Mencionó libros, me mostró fotos, y yo me digné a sólo escuchar y ver. Conversé y mantuve todo a buen nivel. ¡La primera vez hablamos por buenas cinco horas!
Pero el recuento que estaba haciendo en la autopista no me estaba satisfaciendo. Creo que no dejé ver alguna pasión focalizada ese domingo. Tampoco el siguiente.
En vez mi mente entendió muy bien lo que mencionó acerca de sus planes y de sus ambiciones. No lo olvidó al describirle yo la cita a mi compañero de oficina. "Es un chica buena, no creo que deba corromperla. Me gusta ella pero no cómo vislumbra su futuro" fue el resumen concentrado de horas compartidas y llenas de un sentimiento de tranquilidad.

¿De quién o qué es la culpa de que una hora más tarde del momento acordado ella no esté aquí?
Ya estaba cerca de la ciudad cuando pensé que estoy muy balanceado. Que estoy soportando con fuerza divina un balance volcado en pros de un futuro amplio y lleno de las más diversas decisiones. Decisiones que a este paso las tomaré con muy poco contacto humano, o al menos de aquél que disfruto en demasía, análogo a un domingo nublado de sábanas blancas y refrigerador lleno. De cocinarnos.
No puedo pedirle a nadie que venga. Yo no quiero ir a ningún otro lado. Entonces me mantengo avanzando en esta gruesa cuerda, balanceado, pidiéndole en absoluto silencio a todos mis queridos y muy preciados que por arte de magia me observen y se mantengan. Estoy desaparecido, pero el acto aún no termina... Ahora es cuando se pondrá bueno.

domingo, 20 de enero de 2013

lunes, 12 de noviembre de 2012

sábado, 27 de octubre de 2012

De Vidas y Barras

La soledad pega fuerte cuando uno inocentemente se enamora de ella. El caminar. Pensamientos constantes en delirios de compañía que se materializan en la distancia de los obstáculos que la obstinación propia anima. La cuenta de una pareja de extraños. Nada nos acobija en una cama tan grande. Nadie nos regocija cuando de repente llega una noticia sin aviso. Nadie explica el sin sentido. Ni si quiera hay alguien que lo intente. Sólo alguien en la barra. Pide carpaccio. Sólo la mesera que sonríe y acaricia tu espalda. La vista nublada cegada en la credulidad de un astigmatismo exagerado por la necesidad profunda de tener un descanso. El tiempo que se acaba. Y reinicia sólo para ser insuficiente otra vez. La lujuria de los restaurantes y del medido pedido. Las actitudes entre la sosobra de no actuar en cercanía. Acariciando constantemente a la soledad inexistente. La soledad que acontece en el extraño. Éste. Sentado 4 sillas a la derecha indeciso entre el querer o no querer un digno digno sentimiento. Como el que siento justo ahora. Puntual como el salmón.

martes, 16 de octubre de 2012

En Más De Dos Años

Qué fidelidad la asociada a mantener un espacio cibernético como este activo. O constancia evolucionada e interrumpida. Porque la primera entrada que fue publicada en 2009, a pesar de haber sido escrita por una persona muy distinta, tiene los destellos de los mismos dedos que hoy teclean.

Para dejar en claro, hoy es Martes 16 de Octubre de 2012 y yo me encuentro a seis minutos de retraso de mi cita con mi densa rutina. Gracias, gracias que tengo como romperla, como rompiéndola cuando me da la gana. Están todos invitados a la fiesta.

Ya dije que los días están todos pegados y que las semanas pasan y yo no las cuento. Vivo en el aspirar  de poder hacer banalidades pero cuando algo de tiempo llega para ellas pues decido no hacerlas y en vez me dejo influenciar por la invitación de ir afuera y respirar algo de aire, algunas veces mía otras no.

El pueblo es bonito y limpio, aunque no se compara a París. Y la gente es agradable, aunque no se compara a la de París. Y para ser algo justo, debo decir que no conozco a toda la gente de aquí, ni a toda la de París. Pero igual, quisiera quizás estar viviendo ahora en París. Quisiera, y ya. Por una niña bonita quizás. Una por los momentos.

Ya no bailo en público, ni duermo hasta tarde. Me cocino para mi y prefiero fregar a usar el lava platos. Mi iPod encendido se ha vuelto un placer supremo y un buen amigo hasta el punto de lo extraordinario, y mi computadora se ha extendido. Me encuentro aún mentalmente activo. Gracias.

Pero no soy el mismo. No señor. En estos años he cambiado. Pero puedo decir con gusto. Nano, aquí estamos.

Pa' lante hermano!

Sobre el Piso de Carlos Cruz-Diez

Recuerdo bien la imagen de la última vez que vi a mi familia en persona. Recuerdo el sentimiento aguantado que amenazaba mis rodillas y hacía mi bolso de mano más pesado. Recuerdo el haber pensado en cuál sería la cantidad apropiada de voltear, pensando en medida, como suelo hacer, y por primera vez haberme desbordado en sentimiento, nublado el método y ahogándome finalmente en queriendo, queriendo en vez de midiendo. Probablemente la jaula más fuerte y más propia visceral que he experimentado.

Recuerdo la cara de mi hermano. En esa última imagen recuerdo bien la cara de mi hermano porque creo que fue la única que no pude ver en los abrazos. En los abrazos recuerdo la fuerza y el agarre de mi papá. Recuerdo a mi mamá con una sonrisa de lágrimas y Michelle de hombros encogidos. Recuerdo la estancia y alineación de mi familia en ese último segundo, forzado último ante una puerta especular cerrada inesperadamente a unos pocos pasos.

Hasta hoy tal fue la última vez que vi a mi familia en persona.



Vislumbro con cariño y deseo la próxima vez que pueda verlos.


Treinta de Mayo de 2012 - ## de Abcde de ####.